Blog

Un beso en el hueso del muerto

En el colegio religioso al que iba de pequeño me hicieron darle un beso al hueso de un muerto. Vale, que era un santo, pero aquello seguía siendo el hueso de un cadáver. Lo tenían guardado en algún lugar de la sacristía y solamente en su aniversario lo sacaban para que todos lo viéramos. Los niños se ponían en fila y después de que cada uno lo besara, una de las monjas se encargaba de acariciarlo con un paño, más por obligación moral que porque realmente limpiara algo. Era pequeño, de apenas unos centímetros de largo y de tanto frotarlo había cogido una forma redondeada más propia de una piedra. Eso hacía que el hueso del muerto tuviera una apariencia mucho mas naif.

No recuerdo si lo besé de forma voluntaria, aunque creo que sí. Lo cierto es que aunque me hubieran preguntado, no habría tenido ni la edad ni la madurez suficiente como para decidir si realmente quería hacerlo. No me lo cuestioné porque me parecía algo normal. Como no va a serlo después de tenerme viendo a un hombre mutilado sobre la pizarra mientras un profesor habla de matemáticas, geografía y lengua ocho horas al día, cinco días a la semana. En el mundo de un niño, después de eso, besar un cadáver es lo más normal del mundo.

Claro, luego creces y miras atrás con algo mas de criterio que el que tenias entonces y te llevas las manos a la cabeza o vas al lavabo a vomitar. En el contexto en el que estaba hacer aquello era algo normal, pero ¿solo porque fuera algo normal decidí hacerlo?

Siempre que veo las celebraciones de Semana Santa pienso en cuánto hay de tradición en ellas y cuanto de sentimiento religioso. Me hizo gracia ver el video “Semana Santa y Postureo”, allí Forfast entrevista a varios chavales que están en Sevilla durante las festividades de Semana Santa. Una celebración que nació con vocación religiosa y que a día de hoy vive más como una tradición cultural. Como Forfast deja claro al hacer sus preguntas y ante la falta de respuestas, ninguno de ellos sabe bien qué está celebrando. La mayoría están allí porque, como me ocurrió a mi, desde pequeños es lo que han visto como algo normal. No se preguntan, ni se cuestionan, lo disfrutan y lo repiten año tras año.

Hay algo en común entre ellos y mi yo pequeño, ambos preferimos la ignorancia en pro de lo que consideramos un bien mayor. Porque hacernos preguntas, quizás consigue privarnos de beneficios que de otra forma no tendríamos. Yo preferí ir a darle un beso al muerto saltándome algunas clases y ellos, antes de cuestionarse el carácter religioso de la festividad prefieren continuar una tradición en pro de pasar un buen rato con sus amigos. Porque lo importante en mi beso y en su celebración nunca fue ser un buen cristiano.

La religión siempre ha intentado que no nos planteemos cosas, darnos las respuestas antes de que incluso sepamos nosotros las preguntas. Y nosotros, sabemos cuando conviene hacernos preguntas y cuando nos va mejor hacernos los tontos.

Es importante que alguien de vez en cuando recuerde qué estamos haciendo y porque lo estamos haciendo, ya sea en un video como el de Forfast o en una cena en familia o con amigos. Porque si la gente prefiere no hacerse preguntas por el motivo que sea, con más motivo aún alguien tiene que plantarse frente a ellas y hacérselas.

Este texto forma parte del libro “Reflexiones” de mi amigo Forfast, podéis encontrarlo aquí

 

Quizás también te puede interesar…

Deja un comentario

    Deja un comentario

    This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.